Un registro de mantenimiento debe explicar qué se comunicó, cuándo se advirtió y qué ocurrió después. Un mensaje que diga solo “el fregadero gotea” puede bastar para dar el aviso, pero no conservará el estado, la urgencia ni la secuencia de decisiones si surgen dudas más adelante.
Empieza con una descripción objetiva y pruebas útiles. Anota el inmueble, la estancia, la fecha, los síntomas visibles y las medidas inmediatas tomadas para limitar el daño. Añade fotografías o vídeo claros cuando ayuden, pero evita recoger datos personales o partes de la vivienda que no vengan al caso. Los riesgos urgentes con agua, electricidad, gas o seguridad deben seguir el procedimiento de emergencia que exijan el contrato y la normativa local, y no esperar a un flujo de la app.

Mantén cada cambio de estado conectado con la solicitud original. Anota cuándo la revisó el propietario, si se acordó el acceso, quién quedó asignado y cuándo se esperaba la reparación. Si el plan cambia, añade la nueva información sin borrar la actualización anterior. Esa secuencia ayuda a ambas partes a entender los retrasos y las decisiones sin tener que reconstruirlos a partir de hilos de mensajes separados.
Después del trabajo, registra qué se reparó y adjunta las pruebas de finalización, la factura o la nota del contratista cuando proceda. El inquilino debe poder confirmar si el problema comunicado parece resuelto o explicar qué queda pendiente. La confirmación registra un resultado observado. No transfiere la responsabilidad legal ni impide que se comunique un problema posterior.
Un historial de mantenimiento completo facilita reconocer los problemas recurrentes y da mejor contexto a futuras inspecciones. Tensu puede organizar el aviso, las pruebas y el rastro de la resolución, pero no diagnostica defectos, no elige contratistas ni determina si alguna de las partes ha cumplido una obligación legal.